lunes, 4 de julio de 2011

París y sus cosicas...



Está bien, lo voy a decir, de una buena vez y para siempre. NO ME GUSTA (el supuesto nuevo) WOODY ALLEN, nada de lo que digan o hagan conseguirá convencerme de lo contrario.
A partir de aquí, los que quieran quedarse adelante, y los que no, pues nada, mañana será otro día. 
Y no es que no le haya dado oportunidades, que una era “estudianta” de cine y no le ha quedado otra que tragar con films de toda clase y condición. 
No me gusta él, no me gusta su cine, no me gustan sus ínfulas ni su humor que ya no tiene gracia ni tiene ná. Antes hacías “Jus, jus” de vez en cuando, soltaba alguna frase ingeniosa y listos, pero ahora ya ni eso. 
Woody Allen, en vez de retirarse con su querida esposa/hija a vivir los años dorados que le quedan, sigue haciendo películas, y todavía no entiendo por qué. Seguramente tiene un convenio con las ciudades donde rueda últimamente y que promociona hasta la extenuación, o quizás simplemente lo hace para que gente como yo siga dándole oportunidades. 
Después de muchas recomendaciones y de insistencias varias, al final me digné, una vez más, a pasarme por el cine para ver su última criatura: Midnight in Paris, y me pasó algo que me pasa con muy pocas películas, y que me pone de un humor de perros. La sensación es la siguiente, seguro que muchos de ustedes la han experimentado alguna vez: Sale uno del cine y dice, “Bueno, no está mal, está bien rodada, los actores no lo hacen mal del todo, la ciudad se ve preciosa…sí, y los personajes están bien, es gracioso ver a escritores, pintores y músicos de los años 20, sí, vale, tiene sus fallitos, pero en general bien”.
Entonces uno (o una en este caso) se va a su casa, se acuesta y ya no piensa más, porque está cansada y al día siguiente trabaja. 
Pero al día siguiente una le da vueltas, y vueltas, y el listón baja, y baja cada vez más, y se va poniendo de mala hostia, y tiene la sensación de que le han vendido la moto, otra vez. 
Midnight in Paris sólo tiene de bonito y de ingenioso el tema de los artistas y de cómo están representados. Punto. 
¿La historia de amor con la Cotillard? Falsa y superficial. ¿El personaje de la prometida? Puerilmente antagónico. Parece Disney, por el amor de Dios. ¿El final? Un “deus ex machina” de tal magnitud que no cabe ni en Nôtre-Dame. 
La película se cierra tarde y mal, con demasiadas puertas abiertas, o incluso a medio abrir. El personaje principal es pobre, no está bien caracterizado, le falta sangre, le falta pasión, una pasión que no se transmite haciéndole decir al actor cincuenta veces lo que el personaje desea. 
Es cierto, París está muy bien grabado, pero prefiero un documental, o si me apuran, con Amelie me basta y me sobra. O me cojo un Ryanair y me planto en París, ¡Qué coño!
Que no Woddy, que no, otra vez no. Sé que seguiré yendo a ver tus películas, la presión mediática y social es muy grande, pero a mi me tienes prácticamente perdida, y estoy segura que como yo, muchos otros. 
Un último consejo, revisita a los “oldies” que retratas, porque en cuestión de calidad, no están todos los que son, pero sí que son todos los que están. Excepto tú. 
La música bien, gracias. 
Voy a confesarme, sé que esto me saldrá muy caro. A más ver.

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